Perez Pikulik Pediatría Neonatología
Inciden cuestiones hormonales. También, la falta de obligaciones y
el menor control.
Mariana Perel / Clarín VIDA COTIDIANA
Verano. La temperatura sube y alcanza los cuerpos de los
adolescentes que se dejan llevar por la música, el sol, los amaneceres. Se
dejan llevar por el deseo. “Hay varios factores que inciden en el aumento de la
actividad sexual de los adolescentes”, sostiene Sergio Griselli, psiquiatra,
sexólogo clínico y coordinador del Equipo de Sexología y Educación Sexual del
Hospital Rivadavia. “Uno es el factor climático: la temperatura, la humedad, la
luz, los ciclos lunares, son elementos que modifican los ritmos hormonales y
producen una mayor actividad sexual”, explica.
Los
otros factores son bien diferentes. Continúa enumerando el especialista: “Los
padres se relajan, controlan menos a sus hijos. A la vez, no hay obligación de
estudiar ni de cumplir horarios. En consecuencia, los chicos se sienten
liberados”. Y tienen mucho tiempo libre. “El verano favorece las actividades
grupales: las reuniones, los salidas”, agrega la psicoanalista de familia
Esther Czernikowski, miembro de la Asociación Argentina de Psicología y
Psicoterapia de Grupo. “Es común que el grupo los arrastre y que los chicos
terminen haciendo cosas que no harían en soledad. En la adolescencia, los
modelos giran en torno a los pares, y el temor de quedar ridiculizados frente a
los otros tiene un efecto muy fuerte que lleva a la imitación, porque no pueden
pensar por sí solos”.
En
realidad, en el verano se intensifican conductas que son propias de los
adolescentes en general. Dice Griselli: “La diferencia es que en esta etapa
está mucho más favorecida la búsqueda de la desinhibición, de la satisfacción
inmediata. La omnipotencia los lleva a actuar impulsivamente, y mucho más si
pertenecen a un grupo. Lo peligroso es que, buscando la desinhibición, recurran
a las drogas o/y al alcohol”.

Sería
natural que este panorama inquiete, pero a no desesperar. Czernikowski sugiere
un espacio posible para acompañar a los jóvenes que adolecen en verano: “En la
adolescencia los padres transitan por un desfiladero muy angosto: el de no ser
ni jueces ni cómplices. Ponerse en jueces genera rebeldía e incita a un desafío
que los arrastra al exceso, de lo que sea. Ponerse en cómplices con los hijos,
como si fueran pares, los deja huérfanos. Hay una diferencia entre control y
convivencia. ‘¿A qué hora volvés?, ¿a dónde vas?’, Son preguntas de cuidado. El
hogar no es una pensión donde cada uno entra y sale sin comentarios”.
“Recordemos que, más allá de que los hayamos educado bien, la necesidad de
transgredir forma parte del crecimiento –aporta Griselli–. Es esperable. Los
adolescentes necesitan probar, permanentemente, dónde están los brazos de
contención de los padres. Si no los encuentran, aparecen los problemas. Sabemos
que el ‘Sí’ es más fácil. En cambio, hay que poder hacerse cargo del ‘No’ y
sostenerlo con un modelo y con acompañamiento”.
Finalmente,
Griselli aconseja: “Aprovechemos que tenemos tiempo para conversar con nuestros
hijos para transmitirles un mensaje coherente, sin ambigüedades, y asesorarlos
sobre prácticas sexuales, uso de preservativos y otras medidas anticonceptivas.
Podemos enseñarles que hay mucho por hacer, y todo es muy disfrutable, siempre
que se eviten los excesos. No dejarlos solos, acompañarlos, pero con claridad”.
Perez Pikulik Pediatría Neonatología
- 2 porciones- Dificultad: Fácil- Tiempo de preparación:
15' - Tiempo de cocción: 30'
Ingredientes
- 2 tazas de avena arrollada fina (preferentemente
orgánica, sin agrotóxicos)
- 3 tazas de agua
- 2 manzanas rojas peladas y sin semillas, cortadas en
tajaditas finas y cocidas en poco agua
Preparación
Colocar
la avena en el agua y llevar al fuego. Cuando comienza a hervir, bajar el
fuego, colocar un difusor de calor y dejar cocinar aproximadamente media hora.
Queda una preparación cremosa. Hacer un puré con las manzanas y agregar a la
avena. Puede consumirse tibia en el momento o guardarla en la heladera y volver
a calentarla un poquito cuando se vaya a comer.
Secretos para compartir
El difusor de calor es
un disco de amianto o chapa que se consigue en cualquier bazar y que ayuda a
que las comidas no se peguen a la olla.
Perez Pikulik Pediatría Neonatología
1 porción- Dificultad: Fácil- Tiempo de preparación: 10' -
Tiempo de cocción: 5'
Ingredientes
- 1 cebolla
- 1/2 pechuga de pollo hervida
- 4 cucharadas de crema de leche o queso blanco
- 1 taza de arroz integral ya cocido
- 1 taza de espinaca fresca picada
- Queso rallado a gusto
Preparación
En
una sartén de teflón, rehogar la cebolla en el aceite y dejar cocinar hasta que
esté transparente. Agregar un chorrito de agua caliente y el pollo desmenuzado.
Incorporar la crema de leche -o el queso blanco-, el arroz, la espinaca y el
queso rallado. Cocinar cinco minutos para que se unan bien los ingredientes y
los sabores.
Secretos para compartir
Siempre
que sea posible, conviene elegir pollos de campo que no hayan recibido hormonas
ni antibióticos durante su crecimiento.
Perez Pikulik Pediatría Neonatología
¿Sientes demasiada tensión emocional y que se te exige demasiado?
¿No duermes bien preocupado por los exámenes y las tareas escolares? ¿Comes de
prisa porque estás demasiado ocupado? No estás solo. Todos - adultos,
adolescentes y hasta los niños - pasan por momentos de estrés. Sin embargo, hay
formas de reducirlo y hacer frente a lo que es inevitable.
¿Qué es el estrés?
El
estrés es una sensación que creamos al reaccionar a ciertos eventos. Es la
manera en la que el cuerpo se enfrenta a un reto y se prepara para actuar ante
una situación difícil con enfoque, fortaleza, vigor y agudeza mental.
Los
eventos que provocan el estrés cubren una variedad de situaciones - desde verse
en peligro físico hasta hacer una presentación en clase o tomar un semestre con
la asignatura más difícil.
El
cuerpo humano responde a estas situaciones activando el sistema nervioso y
ciertas hormonas. El hipotálamo envía señales a las glándulas adrenales para
que produzcan más adrenalina y cortisol y envíen estas hormonas al torrente
circulatorio. Estas hormonas aumentan la frecuencia cardíaca, la frecuencia
respiratoria, la presión arterial y el metabolismo. Los vasos sanguíneos se
ensanchan para permitir una mayor circulación sanguínea hacia los músculos,
poniéndolos en alerta. Las pupilas se dilatan para mejorar la visión. El hígado
libera parte de la glucosa almacenada para aumentar la energía del cuerpo. Y el
cuerpo produce sudor para refrescarse. Todos estos cambios físicos preparan a
la persona para reaccionar rápidamente y eficazmente cuando siente tensión
emocional.
Esta reacción se conoce
como respuesta al
estrés. Cuando funciona como es debido, esta reacción es la
mejor forma para que la persona funcione bajo presión. Pero la respuesta al
estrés también puede causar problemas cuando es extrema.
El estrés bueno y el malo
La
respuesta al estrés (respuesta
de combate o fuga) es crítica en situaciones de emergencia,
como cuando un conductor tiene que frenar el auto repentinamente para evitar un
accidente. También se activa en una forma más sencilla cuando la persona está
tensa, aunque no corra peligro - como cuando tu batazo puede ganar el juego;
cuando te preparas para una fiesta o cuando estás haciendo un examen final. Un
poco de estrés de este tipo puede ayudarte a mantenerte atento, listo para
hacerle frente a cualquier reto. Y el sistema nervioso vuelve a su normalidad,
listo para responder de nuevo cuando sea necesario.
Pero
el estrés no es siempre una reacción a cosas inmediatas o momentáneas. Eventos
progresivos o a largo plazo, como un divorcio o el traslado a un nuevo
vecindario o escuela, también pueden causar estrés. Las situaciones a largo
plazo pueden producir un estrés de poca intensidad, pero perdurable,
ocasionando dificultades a la persona. El sistema nervioso siente una tensión
continua y se mantiene relativamente activo a fin de continuar liberando
hormonas adicionales durante un período de tiempo prolongado. Esto puede agotar
las reservas del cuerpo, haciendo que la persona se sienta agotada o abrumada,
debilitando el sistema inmunológico del cuerpo y ocasionando otros problemas.
¿Qué causa una sobrecarga de estrés?
Aunque
una suficiente cantidad de estrés puede ser buena, una sobrecarga es algo
aparte - nadie se beneficia por demasiado estrés. Por ejemplo, tener un poco de
estrés porque tienes un examen puede motivarte a estudiar más. Pero cuando el
examen te causa mucho estrés, te concentras menos en la materia que necesitas
aprender.
Las
presiones que son extremadamente intensas, que perduran por mucho tiempo, o los
problemas que hay que afrontar sin ayuda, pueden ocasionar una sobrecarga de
estrés. A continuación mencionamos varias situaciones que pueden ser agobiantes
si continúan por largo tiempo:
- ser víctima de intimidación o estar expuesto a violencia
o lesions físicas
- relaciones tensas, conflictos familiares, la tristeza
ocasionada por un corazón quebrantado, o el fallecimiento de un ser
querido
- problemas contínuos en la escuela ocasionados por un
problema de aprendizaje o cualquier otro problema como (ADHD) - trastorno
de falta de atención por hiperactividad, el cual deja de causar estrés una
vez que se reconoce y se trata con el apoyo adecuado.
- estar siempre apurado, no tener tiempo para descansar y
relajarse, y estar siempre en movimiento
Algunas
veces el estrés es extremo y necesita atención especial. El trastorno de estrés
post-traumático es una reacción muy fuerte que puede producirse en personas que
han pasado por una situación extremadamente traumática, como un accidente
automovilístico grave, un desastre natural como un terremoto, o una agresión
como la violación sexual.
Algunas
personas tienen problemas de ansiedad que causan reacciones extremas de estrés,
convirtiendo pequeñas dificultades en crisis mayores. Si una persona se siente
tensa, enojada o preocupada o tensa con frecuencia, es posible que sufra de
ansiedad. Los problemas de ansiedad generalmente necesitan atención, y muchas
personas buscan la ayuda de un consejero profesional para superarlos.
Señales de sobrecarga de estrés
Las
personas que están pasando por una sobrecarga de estrés muestran algunos de los
siguientes síntomas:
- ansiedad o ataques de pánico
- constante presión, confusion y apresuramiento
- irritabilidad y melancolía
- síntomas físicos: problemas estomacales, dolores de
cabeza y dolores de pecho
- reacciones alérgicas: eczema y asma
- problemas del sueño
- beber en exceso, comer en exceso, fumar o usar drogas
- tristeza o depresión
Todas
las personas sienten el estrés de una manera diferente. Algunas personas se
enfadan, comportándose de manera poco apropiada y desquitándose con los demás.
Otras personas lo esconden y comienzan a padecer de problemas alimentarios o
abuso de sustancias ilegales. Las personas que padecen de una enfermedad
crónica también notan que los síntomas de su enfermedad se acrecentan cuando
tienen una sobrecarga de estrés.
Mantén el estrés bajo control
¿Qué
puedes hacer para manejar la sobrecarga de estrés, o mejor aún, eliminarla? El
mejor método para hacerle frente al estrés es aprender a manejar el estrés que
acompaña cualquier reto; ya sea bueno o malo. El arte de manejar el estrés se
va perfeccionando si se usa con regularidad, no solamente cuando se está bajo
presión. Saber cómo eliminar el estrés y hacerlo durante situaciones calmadas
puede ayudarte a pasar por circumstancias difíciles que puedan surgir. A
continuación mencionamos varias sugerencias que ayudan a controlar el estrés:
- No te sobrecargues con actividades. Si te sientes tenso, piensa en eliminar una o dos
actividades, optando por mantener las más importantes.
- Se realista. No
trates de ser perfecto - nadie lo es. Esperar perfección de los demás
aumenta el nivel de tu estrés (sin mencionar la presión que ejerce sobre
los demás). Si necesitas ayuda con algo, como el trabajo escolar, pídela.
- Duerme bien. Cuando
se duerme la cantidad de horas necesarias, el cuerpo y la mente se
mantienen en buen estado, pudiendo manejar cualquier situación negativa
que cause estrés. Debido a que el "reloj del sueño" biológico
cambia durante la adolescencia, muchos adolescentes prefieren acostarse
más tarde en la noche y dormir más tarde en la mañana. Pero si te acuestas
tarde y tienes que levantarte temprano para ir a la escuela, no dormirás
la cantidad de horas necesarias.
- Aprende a relajarte. El antídoto natural del cuerpo para el estrés se
llama respuesta de relajamiento. Es lo opuesto al estrés y crea una
sensación de calma y bienestar. Los beneficios químicos de la respuesta de
relajamiento pueden activarse simplemente relajándote. Puedes provocar la
respuesta de relajamiento si aprendes unos simples ejercicios de
respiración y los usas cuando estés en una situación que te cause estrés.
(Haz "click" en el botón para aprender sobre una). Asegúrate de
mantenerte relajado y de tomar tiempo para disfrutar de actividades que te
calmen y sean placenteras: leer un buen libro, tomar tiempo para disfrutar
de tu pasatiempo favorito, jugar con tu animalito preferido, o darte un
baño relajante.
- Cuida tu cuerpo. Los
expertos están de acuerdo en que ejercitarse con regularidad ayuda a las
personas a manejar el estrés. (El ejercicio excesivo o compulsivo puede
contribuír al estrés, por lo tanto, debe hacerse con moderación)
Aliméntate bien para que tu cuerpo funcione de la mejor forma posible.
Cuando sientes estrés, es fácil comer apresuradamente y comer comidas
rápidas o que no son nutritivas. Cuando tienes estrés, tu cuerpo necesita
más vitaminas y minerales que nunca. Algunas personas usan drogas para
escapar de la tensión emocional. Aunque parezca que el alcohol y las
drogas alivian la tensión emocional momentáneamente, la realidad es que
depender de ellos causa más estrés porque afecta la habilidad natural del
cuerpo para recuperarse.
- Cuida tus pensamientos. Tus perspectivas, actitud y pensamientos influyen
mucho en la manera en que percibes las situaciones. ¿Está tu copa medio
llena o medio vacía? Una buena dosis de optimismo te ayudará a salir
adelante en situaciones difíciles. Aunque no tengas práctica o seas algo
pesimista, todos podemos aprender a pensar con más optimismo y disfrutar
de los beneficios.
- Resuelve los problemas sencillos. Aprender a resolver los problemas cotidianos te
hace sentir en control. Evitarlos puede hacerte sentir que tienes poco
control de la situación, causándote todavía más estrés. Aprende a evaluar
la situación con calma, a pensar en las opciones que tienes, y a tomar los
pasos necesarios para resolver el problema. Cuando te sientes capaz de
resolver problemas pequeños, tendrás la confianza necesaria para resolver
problemas más complejos - lo cual te ayudará en situaciones que te causen
mucho estrés.
Aumenta tu resistencia
¿Has
notado que ciertas personas parecen adaptarse a las circunstancias difíciles
sin alterarse? Se mantienen serenos bajo presión y pueden resolver los
problemas según van surgiendo. Los investigadores han identificado las
cualidades que hacen que ciertas personas posean una resistencia natural aun
cuando se enfrentan a circunstancias que producen mucho estrés. Si deseas
aumentar tu resistencia, trata de adquirir estas actitudes y comportamientos:
- Piensa en los cambios como retos normales en tu vida.
- Reconoce las demoras y las derrotas como un problema
momentáneo que puedes resolver.
- Piensa que tendrás éxito si continúas avanzando hacia
tu meta.
- Resuelve los problemas cuando surjan
- Establece relaciones firmes y cumple con tus
compromisos con tu familia y amistades.
- Consigue un buen sistema de apoyo y pide ayuda.
- Participa en actividades para relajarte y divertirte
con regularidad
Aprende
a pensar que los retos son oportunidades y las situaciones difíciles no son
desastres, sino problemas momentáneos. Resuelve los problemas y pide ayuda y
consejos de otras personas, en vez de quejarte y permitir que se te acumule el
estrés. Fija tus propias metas y mantente al tanto de tu progreso. Toma tiempo
para relajarte. Sé optimista. Cree en ti mismo. Respira. Permite que un poquito
de estrés te motive a tomar una acción positiva que te ayude a alcanzar tus
metas.